La culpa del superviviente
Estás en una cena con amigos, alguien cuenta un chiste y, por primera vez en meses, te ríes a carcajadas. Una risa que te sale de la tripa. De repente, te callas. Una sombra te cruza la cara. "¿Cómo puedo reírme si él/ella está muerto? ¿Cómo puedo disfrutar de esta comida?". Sientes que tu felicidad es una traición a su memoria. "Si me río, significa que ya no me importa".
La vida insiste
La culpa es mentirosa. La risa no significa olvido; significa que estás viva. Es un reflejo biológico de liberación de tensión. Tu sistema nervioso necesita descomprimirse para seguir soportando el dolor. La vida es como la hierba que rompe el asfalto: siempre busca una grieta para salir.
Honrar la vida viviéndola
Hagamos un ejercicio de imaginación: Si esa persona que tanto te amaba pudiera bajar 5 minutos y verte, ¿qué te diría?
- ¿Te diría: "Llora para siempre, sé miserable, no vuelvas a disfrutar de un atardecer"?
- ¿O te diría: "Por favor, vive. Cómete ese postre, viaja, ama. Vive todo lo que yo ya no puedo vivir"?
La mejor manera de honrar a quien se fue no es morir en vida con ellos. Es vivir plenamente la vida que ellos ya no tienen. Vivir por los dos. Llevarlos contigo en tus alegrías, no solo en tus penas. "Te llevo conmigo a ver el mar hoy". No te sientas culpable por estar vivo. Es tu turno. Úsalo bien.
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